Será cuestión de tomárselo con calma. En myblog no se abre ningún blog. Ayer machaqué tres de los seis que no se podían ver. Dado que suelo entretenerme de cháchara por allí y era imposible hacerlo como se suele, me dediqué a poner orden en mi navegador. Era tal la cantidad de enlaces seleccionados desde tiempo atrás que me dediqué a ponerlos en carpetas. De esos he ido a una dirección de la que traigo esto para ver si me anima el día.
viernes, 15 de junio de 2007
jueves, 14 de junio de 2007
Ayer miércoles
Ayer miércoles no tuve tema para escribir aquí. Seguí con mi tema en chugar. Había encontrado una noticia en ya.com, sobre los calzoncillos de los chicos y me pareció que podía lanzarlo en aquel ambiente más comunicativo.
El martes, a última hora de la tarde, al revisar mis correos vi la noticia y preparé un post retando a los chicos de myblog para que explicitaran sus gustos. Ayer el tema me dio para más y seguí con ello. Hubo dos momentos, mientras editaba, en que se perdió la conexión con myblog. Pensé que la cosa empezaba de nuevo a fallar, pero seguí preparando los contenidos y reservándolos en archivos. Ultimamente suelo hacer carpetas del día y en ellas coloco los archivos que preparo. Antes sólo guardaba los textos que quería conservar.
La cosa parecía que iba perfectamente y eso me dio confianza.
Estaba haciendo un repaso general por los correos y las listas cuando me sorprendió que no hubiera movimiento, siendo el momento del día en que más se mueve el personal actualizando y entrando con nuevos posts. No sospeché, sólo me pareció extraño. Te acostumbras a sentir los pulsos igual que en lo cotidiano cuando miras la calle y algo ha cambiado te parece extraño, pero no le das la importancia que tiene hasta que tienes más datos.
Fue entrando a mi página para ver como la dejaba. Una última ojeada antes de cerrar la conexión y apagar el ordenador. A partir de eso visité otras páginas de la lista y cuando me dirigí a la de Alnair constaté que se habían borrado los contenidos de los posts. Hoy vuelvo a mirar y encuentro el panorama que dejé ayer.
Me dirijo aquí para explicitar lo que ha pasado.
No es lo mismo. Ahora cabe esperar una caída total del sistema. Homero propuso un desplazamiento y puso en marcha una posibilidad de comunicación. No hay ganas de irse de allí. No es sustituible un sistema en el que cuando entrabas a las listas veías al personal paseándose por la calle. Era concurrido. Algo así como cuando sales a dar una vuelta en mi ciudad natal, Huesca, depende de la hora que lo haces sabes que te vas a encontrar a tus amigos dando un paseo y de vez en cuando te vas a parar a charrar un rato e intercambiar chascarrillos y sonrisas.
En otros espacios se puede hacer, pero no de forma pluridireccional.
En los comentarios que otros dejaban en un blog entrabas como quien entra en un corrillo donde se está hablando de algo que le interesa, compartiendo el contacto con tod@s, no sólo con un@. Esa es la pérdida. Esa es la razón por la que me quedé allí y me cuesta tanto dejarlo. Son mis amigos.
El martes, a última hora de la tarde, al revisar mis correos vi la noticia y preparé un post retando a los chicos de myblog para que explicitaran sus gustos. Ayer el tema me dio para más y seguí con ello. Hubo dos momentos, mientras editaba, en que se perdió la conexión con myblog. Pensé que la cosa empezaba de nuevo a fallar, pero seguí preparando los contenidos y reservándolos en archivos. Ultimamente suelo hacer carpetas del día y en ellas coloco los archivos que preparo. Antes sólo guardaba los textos que quería conservar.
La cosa parecía que iba perfectamente y eso me dio confianza.
Estaba haciendo un repaso general por los correos y las listas cuando me sorprendió que no hubiera movimiento, siendo el momento del día en que más se mueve el personal actualizando y entrando con nuevos posts. No sospeché, sólo me pareció extraño. Te acostumbras a sentir los pulsos igual que en lo cotidiano cuando miras la calle y algo ha cambiado te parece extraño, pero no le das la importancia que tiene hasta que tienes más datos.
Fue entrando a mi página para ver como la dejaba. Una última ojeada antes de cerrar la conexión y apagar el ordenador. A partir de eso visité otras páginas de la lista y cuando me dirigí a la de Alnair constaté que se habían borrado los contenidos de los posts. Hoy vuelvo a mirar y encuentro el panorama que dejé ayer.
Me dirijo aquí para explicitar lo que ha pasado.
No es lo mismo. Ahora cabe esperar una caída total del sistema. Homero propuso un desplazamiento y puso en marcha una posibilidad de comunicación. No hay ganas de irse de allí. No es sustituible un sistema en el que cuando entrabas a las listas veías al personal paseándose por la calle. Era concurrido. Algo así como cuando sales a dar una vuelta en mi ciudad natal, Huesca, depende de la hora que lo haces sabes que te vas a encontrar a tus amigos dando un paseo y de vez en cuando te vas a parar a charrar un rato e intercambiar chascarrillos y sonrisas.
En otros espacios se puede hacer, pero no de forma pluridireccional.
En los comentarios que otros dejaban en un blog entrabas como quien entra en un corrillo donde se está hablando de algo que le interesa, compartiendo el contacto con tod@s, no sólo con un@. Esa es la pérdida. Esa es la razón por la que me quedé allí y me cuesta tanto dejarlo. Son mis amigos.
martes, 12 de junio de 2007
Este martes

Este martes era un día esperado.
Mi amiga se despedía de sus compañeros de trabajo. Se va de vacaciones y nunca más volverá a tener que seguir esas rutinas de las que se ha despedido. Una bien ganada jubilación. Ella es extraordinaria y tod@s la añorarán. Es de esas personas que llena el espacio al que entra, es un regalo del cielo.
Mis peques tenían programada una actividad en la playa.
Yo que soy muy rarita me puse en contra cuando me lo propusieron, pero como siempre no me salí con la mía y se llevo a delante conmigo o sin mi. Evidentemente no me iba a quedar fuera. Los días me han llevado a revisar mis posiciones y sólo llegué al día de hoy con esa expectativa que da aquello desconocido.
Por la mañana, de camino al trabajo, me he encontrado con una compañera de otra escuela que ya lo había experimentado y me ha puesto en antecedentes.
Hemos pasado una buena mañana. He disfrutado de las actividades y de las compañías.
Ya veis que soy de las personas que se resisten hasta que la evidencia les demuestra lo contrario. Me apunto a las que vengan.
Sigo machacada con la migraña, más suave, pero allí está. He llevado mi gorra para que me salvaguardara del sol, pero es que ayer a hoy se ha puesto el calor a morder de primera. Menos mal que corría una brisa que paliaba la temperatura.
La primera impresión sobre la arena era desagradable, pero conforme nos hemos acercado al agua y la ruta de actividades era de contacto con ella la situación se hacía más agradable.
Se han mezclado niños de diferentes escuelas y he tenido buen vínculo con los que me ha tocado tutelar. Era una ruta de ocho actividades que les ha motivado mucho.
Cuando he vuelto a la escuela estaba para tumbarme por la modorra que se me ha metido en el cuerpo, pero tenía en perspectiva una reunión de evaluación y a mi pesar he tirado para delante.
Hemos estado en esa playa que visité y fotografíe aquellos días de abril en que me dio por tomar el camino de la playa con la música del mp3 en mis orejas. Ahora escucho uno de los pupurris que pongo en mis blogs.
La música tiene esa capacidad de atemperarme.
Estoy de relajón.
He comido de picoteo. Unas cerezas gordas y sabrosas, de las de mi tierra.
No tenía ganas de quedarme a comer en la escuela.
Ayer comí con mi amiga en un restaurante próximo a casa. La armonía se impone en mi vida.
Son cuatro días y ya estamos allá.
Hacía un nuevo verano que se promete cálido, como todos los pasados y olvidados. Dicen que más.
lunes, 11 de junio de 2007
Este Lunes
Este Lunes tras un fin de semana duro de arrastrar con una migraña de las muy duras me encuentro que el curso escolar está coleando con su último aleteo.
Me muevo en distintos espacios, uno es éste y seguiré componiendo volutas de viento allá donde vaya y siempre que me quede aliento.
Se acorta el plazo de mi aniversario. Encontré un artículo en el que se apuntaba que bloguear era existir. En principio no es tanto, pero es una buena terapia que puede ser nos evite el prozaz y otras lindezas de acallar el alma.
Nunca hubiera hecho relaciones como las que he ganado en estos meses, tampoco se me habría roto el corazón con ausencias de las que voy sufriendo. La vida te da, la vida te quita. Así es y no hay más. Tod@s andamos atrapados en este vivir.
Me muevo en distintos espacios, uno es éste y seguiré componiendo volutas de viento allá donde vaya y siempre que me quede aliento.
Se acorta el plazo de mi aniversario. Encontré un artículo en el que se apuntaba que bloguear era existir. En principio no es tanto, pero es una buena terapia que puede ser nos evite el prozaz y otras lindezas de acallar el alma.
Nunca hubiera hecho relaciones como las que he ganado en estos meses, tampoco se me habría roto el corazón con ausencias de las que voy sufriendo. La vida te da, la vida te quita. Así es y no hay más. Tod@s andamos atrapados en este vivir.
domingo, 10 de junio de 2007
Momentos de una vida
Cierra los ojos y no mira. Una sospecha, un no se sabe qué.
Sale de la casa pausadamente, indecisa.
Vuelve atrás, enciende la luz y mira hacia la mesa, parece que algo busca. Un ligero mohín se dibuja en su cara.
-A qué esperas, vamos.
Él la mira y aprieta los labios en un gesto contenido.
-Quieres hacer el favor de darte prisa, que vamos a hacer tarde.
Ella desiste de la búsqueda y sale.
-No sé, siento como que algo me dejo, no sé.
-Quieres poner de tu parte, Ana.
-Tranquilo, ya he salido, ¡vamos!
-Sucede que entre unas cosas y otras nos queda tiempo justo para tomar un café.
-Ya lo tomaremos después, cuando lleguemos cerca de la consulta, y si no da tiempo te quedas en el bar que yo ya entraré sola.
-Ni hablar, ¿para eso te he estado esperando?
-¿Para eso te vengo a acompañar?
Dice irritado.
-Ya te dije que no era necesario, que yo sóla me basto.
Hay tensión contenida.
Él la mira con indignación.
-Osea que cojo la mañana libre para poderte acompañar y ahora me dices que te vales tu sóla.
-Bueno, frena, no te pongas así.
Apresuran el paso y entran en la estación de metro. Él se adelanta e introduce su tarjeta y pasa. Desde el otro lado de las máquinas de paso la mira con cara de pocos amigos.
-Tóma la tarjeta.
-No hace falta, ya llevo una.
Ella busca en su bolso en uno y otro compartimento, saca su tarjeta y la introduce en la ranura.
-He cambiado el bolso y ahora no me aclaro con éste.
Él no contesta.
Se oye la llegada de un metro en ese momento, bajan corriendo las escaleras y llegan al andén, justo a tiempo para subir a él.
En todo el trayecto no hay palabras. Silencio.
Se han sentado y cada uno se pierde en sus pensamientos.
Ella cabizbaja mira al suelo. Se oye alboroto en la siguiente parada.
Algo sucede, el tren del metro no sigue su marcha.
Él la mira de vez en cuando. No median palabras.
Ella levanta la vista y observa distanciada. En el vagón que queda delante unos jóvenes están haciendo movimientos cogiéndose de las barras. Piensa que deben estar intentando hacer cómo aquellos que se exhiben en los circos.
Sucede que algo no va, no sabe qué. Se levanta y sale del vagón.
-¿Qué haces?
-¿A dónde vas?
Le espeta sorprendido.
-A casa.
-¿A casa?
-¡Sí, a casa!
-¿Y para esto me haces venir?
-No te pedí que vinieras. Así pues, ¡déjame en paz!
Él la coge por el brazo intentando retenerla.
-¡Que me dejes en paz!
-¡No aguanto más!
Él queda perplejo. La deja ir soltando su brazo.
-Desde luego, ya te dejo en paz.
Indignado se aleja, no mira hacía atrás.
Ella camina. Unas lágrimas corren por sus mejillas. Con unos manotazos se las quita y arranca a correr como alma que lleva el diablo. Al cabo de un rato se detiene mira a un lado y a otro.
Al otro lado de la calle hay una cafetería, entra y se sienta en la barra.
-¿Qué le pongo?
Mira enfrente de ella, se ven unos bocadillos pequeños.
-Un bocadillo de esos.
Señala con un dedo.
-¿De qué lo quiere?
-¿De qué son?
-De atún, de jamón, de fuet, de chorizo, ...
-De fuet. Por favor.
-Un agua y un cortado. Por favor.
El camarero coloca un vaso y un botellín de plástico delante de ella, va a buscar un plato y mientras tanto prepara la cafetera.
Ella desenrosca el tapón de la botella y empieza a beberse el contenido. Piensa: -tengo la boca seca-. El camarero le pone el bocadillo delante y ella mecánicamente empieza a comerlo pasando, en cuestión de segundos, a comer con avidez.
Mira a su alrededor y observa como el camarero está anudando un delantal que ajusta con fuerza a su cuerpo. Se para y advierte que el ambiente del local es agradable, hay buen 'rollito' entre la gente. El local es grande, al fondo se ven unas mesas donde la gente mantiene conversaciones animadas, a su lado un señor está ojeando el periódico. Entra alguien con paquetes de frutas. Piensa en ello y una sonrisa se dibuja en sus labios. Después echa azúcar al cortado y se lo toma saboreándolo.
Observa la caja al otro lado, se levanta y ve que hay una bandejita con su cuenta, entrega un billete y después recoge el cambio.
-¡Gracias, hasta luego!
Sale a la calle decidida.
La gente camina por la ciudad. Unos niños de la mano, un niño y dos niñas, de dos mujeres.
Ella piensa, -claro, han vuelto del veraneo ya pronto empezarán a ir a la escuela-.
Baja la calle, por una calle, sin hacer giros y bajadas como suele. Pasa por delante de un colegio, en el suelo restos de basura mal recogida, cosas de barro pintado rotas y otros restos de manualidades. En la esquina, más abajo, ve un grupo de chicas. Las mira y capta la mirada de una de ellas que se percata de su mirada, desvía la vista porque no quiere molestar. Piensa que quizá sean alumnas del instituto. Observa que van con pantalones cortos de color caqui, parecen prepararse para una excursión pero no llevan mochilas ni bolsas, se le ocurre que es coincidencia en el vestir, más o menos como el hecho de llevar vaqueros. Después de pasar de largo y cruzar la calle piensa que quizás no sean tan jóvenes como para ser alumnas del instituto. Las proximidades de los institutos son lugar de encuentro para ex alumnos. Se percata de que no sólo eran chicas, qué hizo que le pareciera presencia sólo de chicas. Sus pensamiento la llevan a pensar en lo a gusto que ella se encuentra con las compañeras de trabajo, algún compañero hay, no muchos. Ya se sabe que en los colegios los hombres escasean, la docencia es un trabajo feminizado.
Suena el teléfono. Mira y reconoce que es él. Duda en recibir la llamada o rechazarla. Con gesto decidido contesta: -¿Si?
Largo rato mantiene el teléfono en su mano, por lo visto él no para de hablar. Su gesto se endurece.
-Perdona, si sigues por ahí te corto.
-Déjalo ya, por favor.
Retira el aparato de su oreja y cierra la conexión.
De nuevo suena. Lo mira i aprieta durante un rato para que se desconecte y lo guarda en el bolso.
Da un respingo y sigue su marcha de forma precipitada.
Piensa que no son maneras, que algo va mal.
Se pregunta qué ha sido lo que le ha hecho tomar esa salida.
Recuerda estos dos meses.
Un vacío la invade.
Tiene que hacer algo, se la está jugando.
No se debe seguir con quién no te deja espacio ni aire para respirar.
Cuanto tiempo hace que no ha ido al cine. Sus compañeras hablan de tal o cual película. Se está quedando fuera. Y al teatro o a algún concierto.
Ha ido dejando que él decida. Él se mete en el ordenador y se está horas y horas. Se siente sola.
Han ido al pueblo y también a la playa. Odia la arena que todo lo invade.
Piensa que Luís y Julia, sus hijos, ya se han montado las vacaciones por su cuenta, que apenas si aparecen por casa.
- Hace tres veranos les planteamos que debían organizarse vacaciones independientes de las nuestras, digo planteamos, fue Jorge que insistió en la necesidad de recuperar nuestro espacio ahora que los niños ya no eran tan niños.
-Me siento sola, muy sola, y la casa se me cae encima. Me levanto con dolores por todas las articulaciones y las cervicales, por eso íbamos a la consulta y Jorge insistió en pedir permiso para venir a acompañarme, pero yo quería ir sola porque necesito hablar de la opresión que siento en mi pecho, el ahogo que está allí desde que me levanto hasta que me acuesto.
-Se me cae la casa encima.
-Tengo que hablarlo con alguien, pero con quien. Hace tanto tiempo que no intimo. Al principio con Jorge me bastaba, cualquier cosilla se hablaba y solucionado. Ahora sé que me he distanciado y que él o no se percata o no le interesa.
Pasa por delante de una frutería y entra. Mira las frutas y verduras, coge un paquete de plátanos y va a la caja. Se los pesan y le entregan el tiquet, busca en su monedero y entrega el importe justo. Sale a la calle.
Ya cerca de la casa ve que él la está esperando delante del portal fumando con gesto nervioso. Ella se para y se da la vuelta. Tira ese paquete de plátanos a una papelera y marcha en dirección contraria.
Marcha en dirección contraria, no se siente capaz de hacerle frente.
Necesita hablarlo, pero no con él, con él no podría.
Son tantos años de silencios contenidos, tantas ausencias.
Ella creía que vivía, pensaba que ésta era su vida.
Sucede que de pronto le ha caído la venda de los ojos y ahora no puede volver a dar los mismos pasos.
Necesita tiempo.
Coge su teléfono del bolso y lo vuelve a conectar, se para en la calle.
-Oye, Jorge.
Escucha con inquietud.
-Escúchame, por favor.
Se hace una pausa.
-Debes darme tiempo, necesito tiempo.
-Ahora no lo puedo hablar, necesito pensar.
Nueva pausa, escucha.
-Mira, te estoy diciendo que me des tiempo.
-No, no me pasa nada, sólo que...
Se interrumpe.
-Que te llamaré luego.
-Adiós.
Sale de la casa pausadamente, indecisa.
Vuelve atrás, enciende la luz y mira hacia la mesa, parece que algo busca. Un ligero mohín se dibuja en su cara.
-A qué esperas, vamos.
Él la mira y aprieta los labios en un gesto contenido.
-Quieres hacer el favor de darte prisa, que vamos a hacer tarde.
Ella desiste de la búsqueda y sale.
-No sé, siento como que algo me dejo, no sé.
-Quieres poner de tu parte, Ana.
-Tranquilo, ya he salido, ¡vamos!
-Sucede que entre unas cosas y otras nos queda tiempo justo para tomar un café.
-Ya lo tomaremos después, cuando lleguemos cerca de la consulta, y si no da tiempo te quedas en el bar que yo ya entraré sola.
-Ni hablar, ¿para eso te he estado esperando?
-¿Para eso te vengo a acompañar?
Dice irritado.
-Ya te dije que no era necesario, que yo sóla me basto.
Hay tensión contenida.
Él la mira con indignación.
-Osea que cojo la mañana libre para poderte acompañar y ahora me dices que te vales tu sóla.
-Bueno, frena, no te pongas así.
Apresuran el paso y entran en la estación de metro. Él se adelanta e introduce su tarjeta y pasa. Desde el otro lado de las máquinas de paso la mira con cara de pocos amigos.
-Tóma la tarjeta.
-No hace falta, ya llevo una.
Ella busca en su bolso en uno y otro compartimento, saca su tarjeta y la introduce en la ranura.
-He cambiado el bolso y ahora no me aclaro con éste.
Él no contesta.
Se oye la llegada de un metro en ese momento, bajan corriendo las escaleras y llegan al andén, justo a tiempo para subir a él.
En todo el trayecto no hay palabras. Silencio.
Se han sentado y cada uno se pierde en sus pensamientos.
Ella cabizbaja mira al suelo. Se oye alboroto en la siguiente parada.
Algo sucede, el tren del metro no sigue su marcha.
Él la mira de vez en cuando. No median palabras.
Ella levanta la vista y observa distanciada. En el vagón que queda delante unos jóvenes están haciendo movimientos cogiéndose de las barras. Piensa que deben estar intentando hacer cómo aquellos que se exhiben en los circos.
Sucede que algo no va, no sabe qué. Se levanta y sale del vagón.
-¿Qué haces?
-¿A dónde vas?
Le espeta sorprendido.
-A casa.
-¿A casa?
-¡Sí, a casa!
-¿Y para esto me haces venir?
-No te pedí que vinieras. Así pues, ¡déjame en paz!
Él la coge por el brazo intentando retenerla.
-¡Que me dejes en paz!
-¡No aguanto más!
Él queda perplejo. La deja ir soltando su brazo.
-Desde luego, ya te dejo en paz.
Indignado se aleja, no mira hacía atrás.
Ella camina. Unas lágrimas corren por sus mejillas. Con unos manotazos se las quita y arranca a correr como alma que lleva el diablo. Al cabo de un rato se detiene mira a un lado y a otro.
Al otro lado de la calle hay una cafetería, entra y se sienta en la barra.
-¿Qué le pongo?
Mira enfrente de ella, se ven unos bocadillos pequeños.
-Un bocadillo de esos.
Señala con un dedo.
-¿De qué lo quiere?
-¿De qué son?
-De atún, de jamón, de fuet, de chorizo, ...
-De fuet. Por favor.
-Un agua y un cortado. Por favor.
El camarero coloca un vaso y un botellín de plástico delante de ella, va a buscar un plato y mientras tanto prepara la cafetera.
Ella desenrosca el tapón de la botella y empieza a beberse el contenido. Piensa: -tengo la boca seca-. El camarero le pone el bocadillo delante y ella mecánicamente empieza a comerlo pasando, en cuestión de segundos, a comer con avidez.
Mira a su alrededor y observa como el camarero está anudando un delantal que ajusta con fuerza a su cuerpo. Se para y advierte que el ambiente del local es agradable, hay buen 'rollito' entre la gente. El local es grande, al fondo se ven unas mesas donde la gente mantiene conversaciones animadas, a su lado un señor está ojeando el periódico. Entra alguien con paquetes de frutas. Piensa en ello y una sonrisa se dibuja en sus labios. Después echa azúcar al cortado y se lo toma saboreándolo.
Observa la caja al otro lado, se levanta y ve que hay una bandejita con su cuenta, entrega un billete y después recoge el cambio.
-¡Gracias, hasta luego!
Sale a la calle decidida.
La gente camina por la ciudad. Unos niños de la mano, un niño y dos niñas, de dos mujeres.
Ella piensa, -claro, han vuelto del veraneo ya pronto empezarán a ir a la escuela-.
Baja la calle, por una calle, sin hacer giros y bajadas como suele. Pasa por delante de un colegio, en el suelo restos de basura mal recogida, cosas de barro pintado rotas y otros restos de manualidades. En la esquina, más abajo, ve un grupo de chicas. Las mira y capta la mirada de una de ellas que se percata de su mirada, desvía la vista porque no quiere molestar. Piensa que quizá sean alumnas del instituto. Observa que van con pantalones cortos de color caqui, parecen prepararse para una excursión pero no llevan mochilas ni bolsas, se le ocurre que es coincidencia en el vestir, más o menos como el hecho de llevar vaqueros. Después de pasar de largo y cruzar la calle piensa que quizás no sean tan jóvenes como para ser alumnas del instituto. Las proximidades de los institutos son lugar de encuentro para ex alumnos. Se percata de que no sólo eran chicas, qué hizo que le pareciera presencia sólo de chicas. Sus pensamiento la llevan a pensar en lo a gusto que ella se encuentra con las compañeras de trabajo, algún compañero hay, no muchos. Ya se sabe que en los colegios los hombres escasean, la docencia es un trabajo feminizado.
Suena el teléfono. Mira y reconoce que es él. Duda en recibir la llamada o rechazarla. Con gesto decidido contesta: -¿Si?
Largo rato mantiene el teléfono en su mano, por lo visto él no para de hablar. Su gesto se endurece.
-Perdona, si sigues por ahí te corto.
-Déjalo ya, por favor.
Retira el aparato de su oreja y cierra la conexión.
De nuevo suena. Lo mira i aprieta durante un rato para que se desconecte y lo guarda en el bolso.
Da un respingo y sigue su marcha de forma precipitada.
Piensa que no son maneras, que algo va mal.
Se pregunta qué ha sido lo que le ha hecho tomar esa salida.
Recuerda estos dos meses.
Un vacío la invade.
Tiene que hacer algo, se la está jugando.
No se debe seguir con quién no te deja espacio ni aire para respirar.
Cuanto tiempo hace que no ha ido al cine. Sus compañeras hablan de tal o cual película. Se está quedando fuera. Y al teatro o a algún concierto.
Ha ido dejando que él decida. Él se mete en el ordenador y se está horas y horas. Se siente sola.
Han ido al pueblo y también a la playa. Odia la arena que todo lo invade.
Piensa que Luís y Julia, sus hijos, ya se han montado las vacaciones por su cuenta, que apenas si aparecen por casa.
- Hace tres veranos les planteamos que debían organizarse vacaciones independientes de las nuestras, digo planteamos, fue Jorge que insistió en la necesidad de recuperar nuestro espacio ahora que los niños ya no eran tan niños.
-Me siento sola, muy sola, y la casa se me cae encima. Me levanto con dolores por todas las articulaciones y las cervicales, por eso íbamos a la consulta y Jorge insistió en pedir permiso para venir a acompañarme, pero yo quería ir sola porque necesito hablar de la opresión que siento en mi pecho, el ahogo que está allí desde que me levanto hasta que me acuesto.
-Se me cae la casa encima.
-Tengo que hablarlo con alguien, pero con quien. Hace tanto tiempo que no intimo. Al principio con Jorge me bastaba, cualquier cosilla se hablaba y solucionado. Ahora sé que me he distanciado y que él o no se percata o no le interesa.
Pasa por delante de una frutería y entra. Mira las frutas y verduras, coge un paquete de plátanos y va a la caja. Se los pesan y le entregan el tiquet, busca en su monedero y entrega el importe justo. Sale a la calle.
Ya cerca de la casa ve que él la está esperando delante del portal fumando con gesto nervioso. Ella se para y se da la vuelta. Tira ese paquete de plátanos a una papelera y marcha en dirección contraria.
Marcha en dirección contraria, no se siente capaz de hacerle frente.
Necesita hablarlo, pero no con él, con él no podría.
Son tantos años de silencios contenidos, tantas ausencias.
Ella creía que vivía, pensaba que ésta era su vida.
Sucede que de pronto le ha caído la venda de los ojos y ahora no puede volver a dar los mismos pasos.
Necesita tiempo.
Coge su teléfono del bolso y lo vuelve a conectar, se para en la calle.
-Oye, Jorge.
Escucha con inquietud.
-Escúchame, por favor.
Se hace una pausa.
-Debes darme tiempo, necesito tiempo.
-Ahora no lo puedo hablar, necesito pensar.
Nueva pausa, escucha.
-Mira, te estoy diciendo que me des tiempo.
-No, no me pasa nada, sólo que...
Se interrumpe.
-Que te llamaré luego.
-Adiós.
Mujer...
Mujer...
Rompes mi silencio
Apartas la oscura soledad que se abre a mi paso
Te beso y te deseo como lo único y verdadero
Eres eco de mis pensamientos
Aleteas en mis sueños
Iluminas mi camino
Eres alas y libertad
No me siento peregrino a no ser de tu lugar
Viajaré por tus caminos
Cerraré en la cancela tu cuerpo para que nadie lo vea
Buscaré entre tus ojos mi imagen para saberme
Navegaré entre tus carnes y ahogaré mi llanto
Anna, 10-03-2007
Un poema lleva sangre
Un poema lleva sangre, sudor y lágrimas
Un poema te arrastra
Un poema no pacta
Compacta tu alma en trance
Te parte por dos mitades
Eclipsa la dicha
Planifica en ti la desdicha
No habría poética si de llanto plañidero
No siguiera el sendero
Componiendo con las letras
Construyendo por veredas
Manchando mi alma entera
Transmitiendo sentimiento
Hollando el dedo en la llaga
Practicando el bardo su verso
Palpitante melodía
No me hieras todavía
Continente de desdicha
Contenido de no dicha
La parca asiste hilarante
Ríe ante mí de este trance
Resisto a mi pesar
Dolores de soledad
Destino de divinidad
Caminos de no más
Ecos que se me presentan
Recojo con premura
Dejo mi alma desnuda
Consciente de esta locura
¿Me dejo llevar?
¡Qué va!
Anna, 24-04-2007
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