martes, 24 de julio de 2007

En aquellos tiempos...

Recogieron miedos ancestrales. Las sombras y las luces creaban en sus mentes imágenes fantasmagóricas. Sentían el quejido de las almas que vagaban entre los dos mundos. Almas ausentes faltas de morada eterna se movían entre las sombras en ese momento que el día se aleja y la noche se puebla con todas sus quimeras.

Anduvieron en círculo sin percatarse de que pasaban por dónde estuvieran antes.

-Me temo que no hemos avanzado.

-Este arbusto de bayas negras diminutas estaba aquí antes.

-Hemos vuelto al mismo sitio sin darnos cuenta.

Manifestó Nora.

-La noche no nos va a permitir seguir.

-Será mejor que nos quedemos aquí.

Kary pensó que sería cuestión de adaptarse a las circunstancias.

-Habrá que hacer frente a lo que venga.

Le dijo a su hermana.

-La furia se crece con nuestros miedos.

-Hemos de unir nuestras almas en una para impedir que separadas pueda acceder a una de nosotras.

La fuerza de la muchacha dio paso a una luz violeta que las envolvió. Sus cuerpos dejaron de ser visibles a simple vista. Quedaron en ese estado de patencia que las hacía imperceptibles a ojos físicos.

Bajo una roca tintineaba una débil luz violeta.

-Estaban aquí.

-Esa pequeña sabe más de lo que parece.

-Huelo su presencia.

La furia podía oler la presencia de Kary, pero era incapaz de captar esa luz. El submundo al que pertenecía era el de lo opaco y sin luz. Nada que brillara o estuviera iluminado entraba por sus sentidos. Era ciega a la luz.

Había quedado impregnado en el ambiente un olor a rosas que la furia reconoció como el de la muchacha que ella quería arrastrar al lado oscuro para absorber su energía y aumentar su poder.

Si se hubiera fijado. Si no hubiera distraído sus pensamientos con la obsesión de captar a la muchacha habría notado una presencia alada que posada sobre una rama estaba justo encima de la piedra en la que palpitaba esa luz.

lunes, 23 de julio de 2007

En aquellos tiempos...


Recogieron miedos ancestrales. Las sombras y las luces creaban en sus mentes imágenes fantasmagóricas. Sentían el quejido de las almas que vagaban entre los dos mundos. Almas ausentes faltas de morada eterna se movían entre las sombras en ese momento que el día se aleja y la noche se puebla con todas sus quimeras.
Anduvieron en círculo sin percatarse de que pasaban por dónde estuvieran antes.
-Me temo que no hemos avanzado.
-Este arbusto de bayas negras diminutas estaba aquí antes.
-Hemos vuelto al mismo sitio sin darnos cuenta.
Manifestó Nora.
-La noche no nos va a permitir seguir.
-Será mejor que nos quedemos aquí.
Kary pensó que sería cuestión de adaptarse a las circunstancias.
-Habrá que hacer frente a lo que venga.
Le dijo a su hermana.
-La furia se crece con nuestros miedos.
-Hemos de unir nuestras almas en una para impedir que separadas pueda acceder a una de nosotras.
La fuerza de la muchacha dio paso a una luz violeta que las envolvió. Sus cuerpos dejaron de ser visibles a simple vista. Quedaron en ese estado de patencia que las hacía imperceptibles a ojos físicos.
Bajo una roca tintineaba una débil luz violeta.

-Estaban aquí.
-Esa pequeña sabe más de lo que parece.
-Huelo su presencia.
La furia podía oler la presencia de Kary, pero era incapaz de captar esa luz. El submundo al que pertenecía era el de lo opaco y sin luz. Nada que brillara o estuviera iluminado entraba por sus sentidos. Era ciega a la luz.

Había quedado impregnado en el ambiente un olor a rosas que la furia reconoció como el de la muchacha que ella quería arrastrar al lado oscuro para absorber su energía y aumentar su poder.
Si se hubiera fijado. Si no hubiera distraído sus pensamientos con la obsesión de captar a la muchacha habría notado una presencia alada que posada sobre una rama estaba justo encima de la piedra en la que palpitaba esa luz.

lunes, 16 de julio de 2007

En aquellos tiempos...


Recorrieron largas sendas que no llevaban a ninguna parte. Las dos muchachas entristecidas caminaban silenciosas sin mediar palabra, cogidas de la mano.
Un ave sobrevolaba en círculo esperando poder posarse sobre el hombro de una de ellas.
La más alta era una mujer de larga cabellera negra y la otra tenía rojos cabellos.
Vestían ceñidos vestidos de tafetán negro como las plumas de un cuervo.
-¿Qué te parece si paramos un rato?
-Bueno, Nora.
Nora era la mayor de las dos, la pelirroja.
-Kary, ¿estás cansada?
-Un poco.
-¡Bien! Haremos una parada, pero muy corta. No nos podemos descuidar.
Baja el ave y se posa sobre el hombro de Kary. Ésta parece recobrar energías.
-Tienes mejor aspecto. Haces mejor cara ahora que Whymk se ha posado en tu hombro.
-Tenemos que darnos prisa si queremos que la hechicera deshaga su embrujo.
Pararon en las inmediaciones de un riachuelo de aguas cantarinas. El gorgoteo de una fuente atrajo su atención y llenaron de agua un par de calabazas y un pellejo que colgaba de la cintura de una de ellas.
Sacaron de sus zurrones un trozo de queso y un mendrugo de pan para cada una.
Comieron y bebieron abidamente dando al ave parte de lo que tomaban.
-Qué fresquita es el agua de esta fuente.
-Mira, Nora, ese árbol tiene la fruta madura. Son ciruelas amarillas.
-Aunque son muy pequeñas nos irán bien.
Las dos muchachas se levantaron y aproximaron al ciruelo.
Recogieron sus frutos más maduros y los colocaron en un pañuelo grande, cada una, poniéndolo entre hombro y cintura, cruzando el pecho y dejando la carga por delante.
Más animadas emprendieron de nuevo la marcha.

Se adentraron en la espesura de ese bosque. Iban entretenidas en sus pensamientos y no advirtieron que alguien las estaba siguiendo.
Entre la maraña de zarzas y árboles se movía una diminuta figura. Era alguien que cubría su cuerpo con una túnica y tapaba su cabeza con capucha. Llevaba un tejido que parecía participar de los colores que le rodeaban. De hecho seguía el mimetismo de las hojas y ramas que iba encontrando a su paso. Esa trama se iba modificando según estuviera en sombra o zona iluminada.
-No irán muy lejos.
Era un eco femenino el que así pensaba.
-Se dirigen a la gran cascada.
-Saben bien dónde pueden encontrarla.
-Tengo que distraerlas antes de que caiga la noche.
-Con la Luna tendré el poder y ya no tendrán escapatoria.

-¡Nora!
-¿Qué tienes?
-¡Noraaa...!
Asustada, Kary, quedó paralizada.
-¿No te das cuenta?
-¿De qué tengo que darme cuenta?
-Siento que algo me atraviesa, algo helado que me abrasa.
-¿Tú no notas nada?
-No, no tengo esa sensación.
-Descansaremos un rato para que te calmes.
Las dos muchachas buscaron un claro del bosque y se aposentaron. En las proximidades corrían las aguas cristalinas del río que venía de la cascada a la que se dirigían.
-Kary, no podemos entretenernos mucho rato. Se está cerrando el día y será muy difícil seguir la senda.
-Piensa que nos advirtieron de los peligros de la noche.
-Que tenemos que conseguir llegar antes de que anochezca porque la furia se crece en la noche y si da con nuestro paradero no habrá magia que nos libere de sus poderes.
Kary reaccionó a las palabras de su hermana.
-Vamos, no perdamos tiempo.
-Soy una blanda.
-Kary, no lo eres.
-Eres tú la que tiene la magia de su lado y eso te hace más sensible y vulnerable.
-Tengo que cuidar de ti.
-Madre dijo que mi papel era ser tus músculos y tu resistencia.
-Cuando lo dijo no entendí nada, pero ahora empiezo a encontrar sentido a sus palabras.
Nora queda pensativa y su cara refleja un gesto duro de dolor.
Pasan por su mente, en tropel, imágenes espeluznantes.
Aquellos seres maléficos que salían de la nada y que buscaban mientras destruían todo lo que con sus ojos atravesaban.
No recordaría formas, porque no los veía, recordaba sensaciones que le helaban la sangre.
-Coge a tu hermana y marcha.
-No esperes más.
-Y sobre todo no mires oigas lo que oigas
Le había dicho su madre.

Había cogido a su hermana que dormía sobre la paja envolviéndola en su capa.
Fue terrible oír aquellos chasquidos y alaridos.
Recordaba el olor de los cuerpos putrefactos, el de la sangre, el de los huesos calcinados.
Alaridos que atravesaban su garganta entrando hasta sus entrañas.
Fue casi imposible seguir sin volver al lado de la madre.
Fue la mayor de las pruebas.
Controlar ese impulso le desgarró músculos que tiraban de ella.
Cuando llegó al bosque su cuerpo había seguido el curso de dos vidas. Ya no era la misma. Su vida no era suya. Su hermana era su vida.

domingo, 15 de julio de 2007

En aquellos tiempos...


Se adentraron en la espesura de ese bosque. Iban entretenidas en sus pensamientos y no advirtieron que alguien las estaba siguiendo.
Entre la maraña de zarzas y árboles se movía una diminuta figura. Era alguien que cubría su cuerpo con una túnica y tapaba su cabeza con capucha. Llevaba un tejido que parecía participar de los colores que le rodeaban. De hecho seguía el mimetismo de las hojas y ramas que iba encontrando a su paso. Esa trama se iba modificando según estuviera en sombra o zona iluminada.
-No irán muy lejos.
Era un eco femenino el que así pensaba.
-Se dirigen a la gran cascada.
-Saben bien dónde pueden encontrarla.
-Tengo que distraerlas antes de que caiga la noche.
-Con la Luna tendré el poder y ya no tendrán escapatoria.

miércoles, 11 de julio de 2007

En aquellos tiempos...

Recorrieron largas sendas que no llevaban a ninguna parte. Las dos muchachas entristecidas caminaban silenciosas sin mediar palabra, cogidas de la mano.
Un ave sobrevolaba en círculo esperando poder posarse sobre el hombro de una de ellas.
La más alta era una mujer de larga cabellera negra y la otra tenía rojos cabellos.
Vestían ceñidos vestidos de tafetán negro como las plumas de un cuervo.
-¿Qué te parece si paramos un rato?
-Bueno, Nora.
Nora era la mayor de las dos, la pelirroja.
-Kary, ¿estás cansada?
-Un poco.
-¡Bien! Haremos una parada, pero muy corta. No nos podemos descuidar.
Baja el ave y se posa sobre el hombro de Kary. Ésta parece recobrar energías.
-Tienes mejor aspecto. Haces mejor cara ahora que Whymk se ha posado en tu hombro.
-Tenemos que darnos prisa si queremos que la hechicera deshaga su embrujo.
Pararon en las inmediaciones de un riachuelo de aguas cantarinas. El gorgoteo de una fuente atrajo su atención y llenaron de agua un par de calabazas y un pellejo que colgaba de la cintura de una de ellas.
Sacaron de sus zurrones un trozo de queso y un mendrugo de pan para cada una.
Comieron y bebieron abidamente dando al ave parte de lo que tomaban.
-Qué fresquita es el agua de esta fuente.
-Mira, Nora, ese árbol tiene la fruta madura. Son ciruelas amarillas.
-Aunque son muy pequeñas nos irán bien.
Las dos muchachas se levantaron y aproximaron al ciruelo.
Recogieron sus frutos más maduros y los colocaron en un pañuelo grande, cada una, poniéndolo entre hombro y cintura, cruzando el pecho y dejando la carga por delante.
Más animadas emprendieron de nuevo la marcha.

martes, 10 de julio de 2007

domingo, 8 de julio de 2007

En aquellos tiempos...

Anduvo perdida entre la maleza, resignada pensaba que nunca más entraría por su vida nueva luz. La tristeza que albergaba creaba un círculo de furia que a todos espantaba.
Era la fuerza que todavía no controlaba.
Entre el barro y las piedras del camino sus pies descalzos sentían el alivio que deviene cuando el dolor del alma es tan grande que se hace necesario machacar el cuerpo para que éste reclame y en su cuidado el alma se refugie.
Recordaba de forma discontinua e incoherente.
Se veía al calor de la lumbre rodeada de una anciana y dos ancianos. No reconocía el vínculo que a ellos le unía, pero sentía un sentimiento que extrañaba. Algo dulce que de ellos recibía. Se veía niña. Con unas trenzas largas. Su pelo negro que azuleaba. Se veía en el reflejo de un espejo mientras una figura femenina la peinaba. Sentía el dolor de los estirones que le daba mientras desenredaba su pelo con un peine de concha de tortuga, de carey recordaba que se nombraba.
Reconocía en esa figura la madre desde los sentimientos que le salían del corazón.
Estaba tan lejano en el tiempo. Ahora se extrañaba de si misma.
Aquel muchacho que la siguió aquel día y que gracias a su presencia evitó el desvarío.
Empezaba a hilvanar los recuerdos. Las ideas se agolpaban, pero empezaban a tener sentido.
De pronto una sombra se cruzo por sus ojos, la consciencia del dolor era insoportable. Desvelar tiene el inconveniente de que no es un acto selectivo y se destapa lo bueno y lo malo. Apretó los dientes con tal fuerza sobre el labio inferior que un hilillo de sangre resbaló por la comisura de sus labios. Soltó un fuerte alarido y calló sobre el lecho de piedras y barro. Allí quedó inconsciente iluminada por una luna grande y brillante.
Alguien seguía sus pasos a distancia. Se acercó y la recogió en sus brazos llevándosela en volandas hasta el pie de un frondoso árbol, un roble de tronco ancho y robusto.
Separó los cabellos de su cara e hizo un recogido con un cordón dorado que sacó de su cintura, dónde lo llevaba anudado. Limpió los restos de la sangre mojando con su saliva un trozo de tela que rasgo de su camisa.
Marchó sin hacer ruido y quedó a distancia para poder observarla desde lejos sin que ella pudiera apercibirse de su presencia.
Transcurrió la noche. La escena era digna de un retablo. Ella bajo el árbol con una expresión angelical y él tras unos arbustos pendiente de todo lo que pudiera pasar.