miércoles, 9 de junio de 2010

Escapa a nuestro control

No se puede contener lo que el sistema genera en sí.
Escapa a nuestro control.
Un buen día estás ante ti.
El ritmo cambia y sientes que has ido a parar a un sendero desconocido que no tiene recuerdos ni pisadas ajenas.
Al principio no te das cuenta.
La distracción mental te hace perder de vista la realidad.
Después constatas que nadie te escucha.
Sólo el aire recibe tus palabras.
Solo él te da en la cara.
La sombra se adelanta a ti y tú paras cuenta en que la sigues como autómata.
Pensabas que formabas parte de algo.
Te has entretenido y perdido la marca del grupo o te has ido siguiendo el impulso alado de tu libertad.
Es sistema evolutivo que te lleva a tu mismidad.
Piensas ser artífice de tus gestos, pero sigues guiones pretéritos proyectados al presente que tienes por delante.


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martes, 8 de junio de 2010

La nada es tu lecho

La nada es tu lecho

Huecos del alma abren silencios
para un mañana que se escapa bajo sus alas.

Hienden al aire lamentos y ayes.
Responden al reto sin tiento.
Escalan murallas de pertrechos rotos y oxidados.

Pasará su tiempo como ocurrió con otros.

Cuesta alejarse y sentir el aire fétido de su detritus.
Responden alzando su espada al grito de alerta.

Alzan y ensalzan dejando caer en el lodo tus esperanzas.

Mañana se aleja como un espectro.
A él te acercas anonadada.

Barriendo el viento te llevará a la distancia de los que nunca estuvieron.

Ese día la calma posará en tu pecho.

Entre tanto, andas temiendo el dolor y la ausencia
de la espera de lo cierto de ese no tiempo.

Juegas a todo.
Te crees que eres.
Estás en lo cierto.

Aún siendo, la nada es tu lecho.


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sábado, 5 de junio de 2010

Ahora no estás

Aquí ante ti.
Tu presencia se ausenta de mí.
Mi paso se pierde entre la multitud.
Aún así, aquí.
Valdrá la pena conjugar ese verbo para claudicar el tiempo.
Ser y estar.
En presente es ausente.
Será.
Serás.
Habré marchado y en la vuelta del sendero parado en otra.
No tienes rostro ni puerta a la que llamar.
De nada vale que siglas, del tipo que sean, te denominen o determinen si no te puedo perfilar.
Abrimos estos muros de soledad pensando que acompañados están.
De lamentaciones e inquietudes.
A ellos vendrás.
Entonces mis bucles tejerán otros lazos.
Ahora no estás.

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miércoles, 2 de junio de 2010

Pudiera ser

Pudiera ser que te acostumbraras al silencio de las cosas y que, en el momento inoportuno que ellas hablaran, desoyeras sus palabras.
Pudiera ser.
Acaso todo aquello que nos rodea no es ruido y son.
Acaso.
Fuera un tiempo de animalismo en la infancia el que confería sentido a esos latidos.
Fuera.
La muñeca quedaba a oscuras en la casa vacía.
Quedaba.
Tú te alejaste de ella y de todo lo que representaba en ese origen de ti.
Tu infancia.
Ese tiempo en que jugar con la luna en las noches de verano era un juego solitario.
Lo era.
Ahora ablandas la memoria, recorriéndote en el callejón sin los miedos que incrustaron para preservarte del posible agresor.
Nuevamente pones ante ti aquello que vaga escondido en tu memoria.
Pareciera que nunca tuvieras esas vivencias.
Pareciera.
Es posible que así fuera.
Lo es.

Construimos guiones y relatos que superan la similitud del recuerdo dibujado y pintado con el mejor color.
Aquella fui yo, aunque la memoria me regale orlas y tules, filtrando los oscuros abismos de una existencia que se sabe.

El instante es lo inigualable.
No tiene edad ni ubicación.

Hilamos cuentas de brillantes y diminutas estelas de nuestra navegación.

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martes, 1 de junio de 2010

Escucho el latido del tiempo

Izo al aire el viento.
Amparo mi alma en tu regazo.
Escucho el latido del tiempo.

Espanto el miedo a ese bucle que viene cierto.


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Pálpitos

Pude escribirte un verso para alimentar tu aliento.
Pude saberme en ti y ahogar mi sentimiento.

Aunque pasa el tiempo,
estás hilado en mis gestos
y te posas al descuido
en el quicio de mi alma.

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domingo, 14 de febrero de 2010

Anónimo

Las líneas del verso irrumpieron en la pantalla como luciérnagas enamoradas.
Asió el ratón y las acarició una a una.
Eran de amor.
Desde un lugar impreciso, unos dedos anónimos habían tecleado y enviado el mensaje al azar.
Ella solitaria ante sí misma no podía contener el alboroto que esas señales despertaban en su interior.
Cerró y se puso ante el espejo maquillándose pausada y detenidamente, mientras recordaba en cada gesto cada uno de esos versos.
El amor le había tomado al descuido.
No podía esperar.
Se vistió con medias suaves y con delicadeza las pasó por sus piernas.
El zapato fue elegido con sumo cuidado.
Lacó sus uñas de un rojo carmesí y recogió sus lacios y largos cabellos, pensando que él podría quitar uno a uno los adheridos hierros.
Le puso rostro.
Sería el primero que encontrara en su paseo a la orilla del mar.
Decidida tomó un taxi cuando se encontró en la calle ataviada con su mejor traje negro.
Cubierta con una capa que esperaba encima del sillón vacío la ocasión oportuna.
No sentiría el frío ni que por las calles no había nadie.
Era su día.
Llegó caldeada con sus pensamientos y tomo ruta bajo las palmeras que parecían ser su única compañía.
-Sabía que vendrías.
Decía alguien que se le acercaba por detrás.
-Seré tu amante en un solo día.
-Después olvidarás.
Unos abrazos, unos besos robados al aire.
Un alma alborotada.
Un mañana que no contaba.
Era y estaba.
Buscaron un rincón entre las rocas y allí mismo consumaron el deseo que no podía esperar.
Ni el frío ni la soledad tenían lugar.

Rosaura despertó tarde.
Era un día más.
Encendió su ordenador y preparó un café.
Vio en la pantalla un mensaje anónimo y sin pensarlo más, lo seleccionó y envió al limbo del spam.
Dejó abierto un canal de música y se puso a jugar al solitario que la tenía entretenida en horas muertas, mientras pensaba en lo inevitable y posible de su realidad.

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